Decir paella, para muchos, es sinónimo de Valencia, mediterráneo, color y una forma de engalanar un plato que antaño fue la comida de la gente humilde. Gentes que trabajarón sus tierras, de las que obtenían su principal fuente de alimento e ingresos. Esas tierras que heredamos llenas de costumbres de antaño y en las que tenemos representadas nuestra tradición festiva y culinaria. Gastronomía que tanta fama le han dado sus ciudades, pueblos, restaurantes, bares, chiringuitos de playa, y el variado personal que visita esta comunidad. Merecida y a su vez recompensada por el gran repertorio de arrozes del que disponemos, donde podemos degustar dependiendo de la zona que visitemos distintos condimentos para su elaboración. Es por eso, que como alicantino de interior, me propuse en plena temporada de recolecta de uno de los ingredientes más indispensables de la paella alicantina, la realización de un pequeño reportaje fotográfico a ese gran ilustre desconocido, el caracol serrano, también llamado en algunas zonas de España como Teruel, vaqueta.

Sería muy dificil saber de que subsp. se trata pues existe un nutrido número de subsp. de Iberus gualtierianus pero podriamos citar algunas como alonensis, carthaginiensis y ortizi, puesto que muchos de ellos están hibridados entre si y depende mucho de cual sea la sierra de origenen de su recoleción.

Como dice el refrán "En abril aguas mil", es por esa época del año cuando con las primeras lluvias salen estos pequeños amiguitos de sus escondites (grietas, esparteras y refugios varios), para buscar el alimento y posteriormente aparearse para poner sus nidos de huevos enterrados, puesto que pasan la mayor parte del año descansando para superar las estaciones más frías y calurosas utilizando para ello su caparazón contra agresiones exteriores y el opérculo o pequeña tapaderita que segregan y que les proteje su orificio de entrada y salida dentro del caparazón y que finalmente romperan para alimentarse y desplazarse.

Su distribución es variada, pero podemos decir que reside en monte bajo preferiblemente con una no muy nutrida población de pino y una presencia abundante de romeros, espartos y jamboneras. Debido a la poca presencia de lluvia suelen aprovechar todos los chaparrones esporádicos para salir de su escondite. En algunas sierras de la provincia de Alicante su recolecta es controlada e incluso existen algunos cotos de caracoles.

Su cuerpo está constituido por tres partes:
cabeza, pie y masa visceral.

La cabeza, consta de 4 tentáculos retractiles (dos de ellos más largos en cuyos extremos se ubican los ojos).

El pie, está estructurado por fibras lisas que segregan sustancias mucosas (mucina) que permiten su desplazamiento.

Y la masa visceral, está incluida dentro de lo que se denomina el saco visceral, en el que reposa el pie del caracol.

Detalle del caparazón.

En esta toma podemos apreciar sus anillos de crecimiento y las distintas coloraciones que pueden tomar sus caparazones dependiendo lógicamente de la subsp. y cambios climáticos del medio en el que viven.

Detalle de la terminación interior de su caparazón.

Toma en la que se puede apreciar las texturas de su concha y cuerpo.

Como conclusión y ahora que sabemos un poco más de estos pequeños gasterópodos invertebrados de sangre fría, es que se debe respetar la época de puesta de huevos para que en nuestras montañas siempre nos acompañen estos simpáticos y poco ruidosos animalillos que seguramente han sido base fundamental de la dieta de los primeros pobladores.